Pero desde que te conocí la soledad ya no es de mi agrado. Y el silencio...El silencio de una mirada nos basta para entendernos.
Pero nuestros corazones piden a gritos la interacción de nuestros cuerpos y que nuestras voces tímidamente emitan susurros de amor.
Y así nos hechizamos, así es como nuestros cuerpos se disponen a jugar juegos prohibidos.
Mis manos buscan acariciar cada centímetro de tu piel. Mis labios se detienen en tu boca, donde un dulce sabor me invita a quedarme. Y nuestros labios se hacen amigos y se acarician cual hermanos.
Nuestros corazones laten aún mas deprisa. La temperatura aumenta. Poco a poco nos quitamos la ropa. Nuestras almas se desnudan a la par que nuestros cuerpos se descubren. Y nuestras manos se detienen en lo que la ropa ocultaba y protegía.. Indefensos, nuestros cuerpos se juntan más todavía. Piel contra piel nos fundimos hasta que nuestras almas se reunen.
Tu aliento y el mio alcanzan una sincronización perfecta. Y así es como dejamos de ser nosotros mismos y somos solo nosotros en un mundo solo nuestro.
Dos voces susurran a la vez y el mensaje es mas que evidente:
TE AMO
Tras esta dulce coincidencia nuestros ojos se miran, sonríen. Como otras tantas veces nos miramos y sonreímos con la mirada. Me pierdo en tus ojos. Me hipnotizas con tu sonriente mirada, sigues hechizándome, haciendo mas profundo el encantamiento...
Nuestros soberanos cuerpos son esclavos del deseo, danzan al son de nuestros corazones. Cada vez más deprisa, y más, y más, y más, y... sin darnos cuenta nuestro mundo se desvanece, se hace más y más pequeño. Sus dos hemisferios se separan y se adentran en nuestros corazones. En el tuyo el Sur, en el mio el Norte.
Extenuados, buscamos nuestros labios para terminar el mágico ritual de la mas dulce de las maneras.
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